24.5.06

Empresarios y policy makers, quien entiende mejor al otro?

Producto de mi trabajo, me enfrenté a pilas interminables de recortes amarillentos de diarios.
Analizando una empresa Argentina de Celulosa, me encontré con que habían apoyado al plan económico de la dictadura. Pero esto no era lo irónico, dado que varias empresas se habían enriquecido durante ese período.
Lo irónico es que antes de la dictadura era una empresa pujante, que venía duplicando su capacidad cada diez años. Y tenía planes para duplicarlos casi en los diez años siguientes.
Luego de la dictadura quedó con un agujero económico y financiero que hizo que tuviera que deshacerse de esos proyectos y plantas ya existentes, lo hace que hoy en día tenga la mitad de la producción que tenía hace treinta años.
Y en artículos posteriores a la dictadura decían que se habían equivocado al apoyar el plan económico de la dictadura... como si fueran a atraer la simpatía de alguien.
Tuvimos discusiones con Postino enriquecedoras sobre que los empresarios sabían mejor acerca de en qué sectores convenía invertir que el Estado, por lo cual este último no debía orientar la industrialización.
Los autores de este blog no lo creen tan así. Creo que este es un ejemplo de que los empresarios no iniciarían por si mismos el camino al desarrollo del país, sino que a veces los empresarios ni siquiera saben qué les conviene. (Claro, es una moraleja simplificada de problemas mucho más complejos, pero se entiende el punto)

7 comentarios:

il postino dijo...

Pero Pippo, claro que los empresarios muchas veces se equivocan. Muchísimas veces. Y quiebran. Y cierran. Y precisamente esa es la esencia del sistema: la prueba y el error. Como sistema es mucho menos soberbio y más efectivo que la alternativa de pensar que todo puede ser planificado por un ente superior.
El problema del capitalismo no es que los empresarios se equivoquen. Ojala hubiera muchos más empresarios equivocados, porque cuanto más gente tome riesgos más probable es que aparezca alguien que la emboque y genere valor. Hay estadísticas que dicen que de cada 10 emprendimientos que nacen, solo 3 llegan al 3 año y uno sólo es finalmente exitoso. No hay plan que pueda reemplazar ese sistema. Al menos eso me parece.

Hoy justo en La Ciencia Maldita (otro blog que leo tanto como el de ustedes), Rollo mencionaba el tema evolución. Y se me ocurrió recomendarle un par de libros al respecto. Creo que todo profesional (de la economía, de los negocios, de las ciencias sociales, etc) debería tener un entendimiento básico de las leyes de la selección natural, porque ese mecanismo explica el surgimiento del orden a partir del casos, de lo complejo a partir de lo simple, y porque explica también que los organismos (estrictamente, los genes) mejor adapatados no son necesariamente los más complejos (fundamentalistas religiosos, lo siento mucho)

Termino con una anecdota: hace unos pocos años estaba recorriendo una de esas ferias de moda de Palermo con un amigo que se dedicaba a realizar planes de negocio para un banco gringo. El lugar estaba repleto de stands y de público. La idea era una de las tantas que habían surgido durante la crisis del 2001, pero era probablemente la más exitosa de todas, y el secreto residía en las características de las dos chicas que la organizaban. Luego de un rato me comentó: veo todas las semanas planes de negocio; recomiendo cada tanto invertir en algunos de ellos; pero los negocios realmente exitosos raramente surgen de planes de empresarios por experimentados e inteligentes que sean. La mayoría de los éxitos surgen casi de casualidad de gente que prueba y persevera.
Ese comentario resume, en forma práctica, mucho de mi pensamiento sobre los privados y el estado, y revela mi natural aversión a la planificación centralizada.
(en otra oportunidad les puedo comentar por qué las empresas realmente exitosas lo son no por lo que planifican sino por cómo y con quien ejecutan el detalle, y por cómo reaccionan ante los riesgos; pero no los quiero aburrir)

Aníbal Gabriel dijo...

Aun siendo lego en la materia, me atrevo a inmiscuirme en la amable discusión con las siguientes preguntas: ¿lo que es bueno para una empresa o sector es siempre necesariamente bueno para el conjunto del país? ¿Las empresas, no planifican? Suponiendo que la respuesta a la prmera es no y la respuesta a la segunda es sí: ¿por qué entonces no suponer que debe haber cierto grado de planificación estatal que al menos oriente el grado y tipo de desarrollo que se quiere alcanzar como PAÍS? Yo creo que eso del Estado no interventor es un mito, especialmente para el proceso de desarrollo de un país.

il postino dijo...

aníbal, ¡excelentes tus preguntas!
Dejame que te de mis respuestas tentativas a esas cuestiones

¿Lo que es bueno para las empresas es bueno para el país? No necesariamente, como obviamente entenderás. De hecho lo que es bueno para una empresa o sector puede ser malo para otra empresa o sector (ejemplo obvio: el dólar alto, ¡o bajo!)
Adicionalmente, la pregunta puede encerrar un malentendido: ¿podemos llegar a suponer que lo que es malo para las empresas es bueno para el país? Seguramente no.

Pero esto no es lo difícil, me parece; lo difícil es definir qué es lo que es bueno para el país. Esa es la definición clave de la cual parte todo el diseño de las políticas de Estado, las regulaciones etc. Esa definición, como seguramente comprenderás, no es privativa del Estado, pero es el Estado quien debe canalizar las inquietudes sociales y estrucuturarlas. Y digo el Estado y no cada Gobierno según su agenda e intereses circunstanciales. Mi punto de vista es que esto no ha sido definido con claridad para Argentina. Y que la agenda la fija la sociedad, y el Estado produce mecanismos para canalizar esa agenda y hacerla efectiva.

La respuesta a la segunda pregunta, es un si, con matices. La actividad empresarial siempre contiene un grado de planificación. Un porcentaje importante de esos planes es simplemente operativo. Un porcentaje menor lleva el pomposo título de estratégico, y en general se refieren a los objetivos de largo plazo de la compañía y las grandes líneas directrices que indican cómo llegar a esos objetivos. Conozco pocos planes estratégicos realmente exitosos, y todos son sujetos a revisiones periódicas. Y la mayoría de las veces la realidad termina destartalando los planes mucho antes de su vencimiento. Las empresas más exitosas usan sus planes estratégicos como ejercicio de reflexión de muy bajo nivel de detalle que les permite definir mejor sus planes tácticos y evitar desvíos en la orientación del negocio, pero dan mucha mayor laxitud en la ejecución táctica, que es en donde se hacen y se pierden las fortunas empresarias.

Por ende, concluyo que el Estado debe desarrollar ciertos lineamientos estratégicos pero actuando casi casi como escriba de la sociedad civil. Me resulta difícil pensar que el Estado cuente con el talento, los incentivos y la flexibilidad para, por su cuenta y sin ayuda, definir planes de detalle.

Y muchas veces en las empresas, lo que se cuenta como resultado exitoso de un genial plan estratégico es simplemente producto del trabajo organizado de mucha gente y una cuota de suerte. Pero como los humanos tenemos una fuerte necesidad de estructurar la realidad para poder comprenderla, nos resulta más cómodo pensar que el plan funcionón, porque es incómodo reconocer el impacto del azar en todos los aspectos de la vida

Reflexión final: A veces pienso que el mejor plan estratégico que se dio el pais es el Preámbulo de la Constitución Nacional.

PD: dejame hacerte una coda para explicarte mi desconfianza sobre la planificación estatal anabolizada. Los países comunistas, especialmente la URSS, y muchos de los regímenes fascistas (especialmente los militarizados) fueron siempre especialmente adictos a los planes estatales de largo plazo. Todos terminaron mal, a pesar de dedicar ingentes recursos y talentos a intentar planificar la totalidad de la economía, sin opositores y con una completa uniformidad ideológica. No veo por qué ese tipo de esquemas podría funcionar mejor en una economía pluralista

il postino dijo...

Con el tema de la evolución, en el primer post, quería implicar que ese mecanismo explica muy bien como la suma de muchos errores individuales puede generar un éxito. Todos nosotros somos la prueba de ello

No hay nada que me guste más del capitalismo, que la probabilidad inminente del fracaso. Eso mueve al mundo a superarse (algunos filósofos dirían que la posibilidad siempre inminente de la muerte es la motivación final del ser humano, pero es para otro blog)

Jorge Y. de la G. dijo...

Estimado postino, me parece que a muchos de los capitalistas argentinos no les interesa la probabilidad inminente del fracaso, más bien apuntan (muchas veces por izquierda) al éxito asegurado.
Saludos

il postino dijo...

Es así en todos lados jorge, pero el problema no es del chancho sino del sistema que le da de comer.

Y por cada empresario chorro, te puedo presentar cientos que quebraron o que la hicieron por derecha.

No lo olvides: el mecánico de tu auto, el de la franquicia de Eki, el florista también son empresarios

Jorge Y. de la G. dijo...

Por supuesto mi estimado, por suerte hay muchos empresarios, sobre todo pequeños y medianos, que se la jugaron o se la están jugando por la suya sin esperar favores. Ojalá haya cada vez más, es parte de un cambio cultural que tiene que darse de manera ineludible.