28.4.07

Estado desarrollista

Del texto de Evans que la semana pasada subimos al blog, hoy Zaiat hizo una nota pegandole a Moreno y a la ortodoxia, y defendiendo la idea de un Estado impulsor del desarrollo. Desde Homoeconomicus nos alegramos de que le haya gustado y lo haya usado para tan nobles objetivos.

"¿Cuáles son, entonces, los motivos de alarma de los economistas profesionales sobre la evolución del gasto público? ¿Por qué la mayoría de los medios de comunicación repiten a coro esa insólita preocupación? Puede ser por la sensibilidad adquirida de décadas de déficit y endeudamiento creciente. También puede ser por la particular sensibilidad de considerar un gasto improductivo el destinar recursos para 1,7 millón de ancianos que no tenía ninguna cobertura y a partir de la moratoria recibirán una jubilación mínima. O puede ser por la sensibilidad de adictos compulsivos que sienten que ninguna dosis es suficiente en materia fiscal. Descartada la ignorancia porque son estudiosos obsesivos de las cuentas públicas, el temor expresado por gendarmes de la ortodoxia se explica, en gran medida, por la ya abandonada, en casi todos los países y por economistas respetados a nivel mundial, ideología del Estado mínimo."

"Después de la Segunda Guerra Mundial la idea predominante era que la principal responsabilidad del Estado era acelerar la industrialización, como así también apoyar la modernización de la agricultura y la provisión de la infraestructura indispensable para la urbanización. Fue la primera ola sobre el rol del Estado. Ese lugar de sujeto central de las transformaciones económicas y sociales, luego de alcanzados ciertas metas en ese sentido, empezó a ser criticado a partir de las restricciones que enfrentó para superar sus propias limitaciones en un mundo que fue cambiando. Cobraron relevancia las teorías minimalistas que insistían en limitar los alcances del Estado, acompañadas con las recetas económicas ortodoxas sobre el ajuste estructural. Fue la segunda ola. El desastre en términos sociales y económicos provocado por la implementación de ese programa llevaron a replantear otra vez el papel del Estado. Apareció, entonces, la tercera ola. Una característica de esa etapa, que comenzó a plasmarse a mediados de la década pasada y, con retraso, se acercó a estas playas luego de la crisis 2001/2002, reside en asignar un espacio relevante a la capacidad del Estado. Esta no sólo “en el sentido de la pericia y de la perspicacia de los tecnócratas que lo integran, sino en el sentido de una estructura institucional perdurable y eficaz”, explica Peter Evans, de la Universidad de California, Berkeley. En un documento publicado en Desarrollo Económico (enero-marzo de 1996), “El Estado como problema y como solución”, Evans sostiene que “guste o no guste, el Estado tiene una función central en el proceso de cambio estructural, aun cuando dicho cambio se defina como un ajuste estructural. El reconocimiento de este papel central retrotrae, inevitablemente, a las cuestiones vinculadas con la capacidad del Estado”. Agrega que no se trata meramente de saber identificar las políticas correctas, sino que, precisa, “la aplicación consistente de una política cualquiera, ya sea que apunte a dejar que los precios ‘alcancen su nivel correcto’ o el establecimiento de una industria nacional, requiere la institucionalización duradera de un complejo conjunto de mecanismos políticos”.

Evans destaca que los ejecutores de las políticas públicas como los teóricos pueden verse beneficiados por la “tercera ola” de ideas acerca del Estado y el desarrollo. “Los datos comparativos abonan una posición más centrada en la capacidad del Estado como factor importante en la elección de políticas y resultados”, afirma, para indicar que “la capacidad transformadora requiere una mezcla de coherencia interna y de conexiones externas, a la que puede denominarse autonomía enraizada”. Extrae como conclusión, entonces, que la primera y evidente lección en ese contexto es que hay escasez y no exceso de burocracia. Pero advierte que “un desempeño deficiente socava la legitimidad y torna dificultoso reclamar los recursos necesarios para el aumento de la capacidad”."

1 comentario:

Jorge Y. de la G. dijo...

Cada vez más, las columnas de AZ vienen como para ponerlas en un cuadrito:

http://el-lobo-estepario.blogspot.com/2007/04/realmente-un-grande.html

al igual que gran parte de lo que se postea en este blog.

Un abrazo.