29.11.08

Maravilloso

Pensalo un poco. Es realmente increible. Genial. Cuando Argentina atrasaba el tipo de cambio, tenías problemas con la restricción externa y una recesión generada por la redistribución regresiva del ingreso [y el ajuste fiscal]. El atraso cambiario te permitía destruir la industria, reemplazar mano de obra local por productos importados. Rompés la industria, rompés los sindicatos, rompés la distribución del ingreso. Pero el modelo era autodestructivo. Requería un nivel de financiamiento externo de crecimiento exponencial e infinito [lo cual sabemos no existe].
El modelo yanki es una versión mejorada. Atraso cambiario, destrucción de la industria [traslado a Asia], redistribución regresiva del ingreso. Pero se ríen de la restricción externa, por lo menos mientras todo el mundo sigue atesorando dólares. Y también encontraron una genial manera de evitar el efecto recesivo del congelamiento salarial [o caída] que lleva más de tres décadas. Es el endeudamiento de las familias norteamericanas, que les permite seguir expandiendo su nivel de consumo.
El esquema es maravilloso: Vos prestame, que yo consumo. Vos hacé como que me vas a subir el sueldo alguna vez y yo hago como que tengo capacidad de repago. Mientras tanto, vos hacete rico y hagamos como que esos bonos que compraste tienen algún valor.
Eso si, que no se pinche la burbuja que se nota que estoy quebrado. Y que tus bonos no valen nada.
Más complejo, duró más, pero tan insustentable como el nuestro. Y regresivo, bien regresivo.

PD: ¿cambiará el modelo? ¿o habrá que esperar la próxima burbuja/guerra?

27.11.08

Superplan. ¿Con incentivos fiscales?

Hace tiempo que metemos opiniones de coyuntura, asique acá les mando algun punteo de las primeras impresiones sobre el superplan del gobierno para enfrentar la crisis.

- El gobierno está leyendo bien la realidad al poner en marcha un plan fuerte para que incentivar el nivel de actividad. Hay varias cuestiones problemáticas pero faltaba alguna señal del gobierno frente a la evidencia de que la crisis mundial está pegando ya en los emergentes, que se extendió más de lo que se preveía y que Brasil finalmente decidió aumentar su tipo de cambio. Esta señal expansiva mejora de alguna manera el clima respecto del nivel de actividad en el futuro.

- PERO, dentro del conjunto de medidas que se propusieron encontramos algunas que hacen ruido en la cabeza de los economistas heterodoxos. Las medidas para la repatriación de capitales y la caída en las contribuciones patronales me hacen recordar a los tiempos donde Argentina creía que el ahorro externo (entrada de capitales) era la salvación y donde sufríamos un problema de competitividad que queríamos solucionar mediante medidas fiscales: la devaluación fiscal. Al final de la Convertibildad, el gobierno de De La Rua (con Machinea a la cabeza (curiosamente la nueva ministra de la producción viene de ese sector) y luego Cavallo) se concebía que una modifiación en el tipo de cambio era el infierno, por lo que los problemas de competitividad debían ser solucionados de otra forma. A la par, el problema del desempleo era harto evidente, por lo cual también había que incentivar la contratacion de mano de obra. En ese contexto, la disminución de los aportes patronales surgía como un elemento que incentivaría el empleo y bajaría la precariedad de los puestos de trabajos.

¿Qué pasó?

Aumentó el desempleo y los puestos de trabajo no mostraron ninguna mejoría. ¿Por qué pensar que en el contexto actual una medida de este carácter podría funcionar? ¿Por qué no ajustar el tipo de cambio en lugar de volver a incentivos impositivos que, además de ser ineficaces, desfinancian el sistema previsional? La política de tipo de cambio alto mostró ser fuertemente expansiva y permitió bajar el desempleo. ¿Por qué pensar ahora, en un contexto de desaceleración fuerte del nivel de actividad y apreciación del tipo de cambio multilateral, las micro y pequeñas empresas querrían contratar más trabajadores? ¿Qué horizonte de ventas preveen? Creo que, y la evidencia empírica en Argentina así lo muestra, el desempleo es mucho más sensible al nivel de actividad y al tipo de cambio que a una caída en las contribuciones patronales. El problema actual no es de incentivar el empleo en blanco sino de evitar despidos y recortes salariales. En este contexto creo que aumentar los costos de ajuste sería más coherente y efectivo.

- La medida de repatriación de capitales, así como cualquier otra medida del tipo "te perdono" siempre tiene el problema de que los que estuvieron cumpliendo se sienten unos giles. Sí, pasa, y a la Argentina le pasa seguido. Pero, el problema es bi-causal. Las politicas no son consistentes, por la gran cantidad de moratorias, y a los contribuyentes no les importa el Estado.

Al margen , me da la impresión de que la medida viene a arreglar un problema que no tiene solución en el corto plazo. Si el contexto mundial hace que los capitales vayan a EEUU ("fly to quality" (vuelo a la calidad)) y, por lo tanto, huyan de los emergentes, y el contexto interno indica que al sistema financiero les sacaste un negoción (las AFJP), los capitales se van a ir de todas formas. El impacto macro del blanqueo es bajo. Creo que se está pensando erroneamente que los capitales están buscando donde ir y que, por el incentivo fiscal que se les otorga , vendrían aca. No me parece. Si el contexto externo está complicado y te la jugaste con una medida en contra del establishment, entonces a bancarse que la gente compre dólares. Con tu política macroeconómica verás los resultados en el futuro, pero ahora no te queda otra. No olvidemos que los capitales miran la rentabilidad esperada. Ahora hay incertidumbre en todo el mundo. En Argentina también, y mayor por cuestiones coyunturales. Como dijo Bresser Pereira ayer, será cuestión se seguir creciendo con el ahorro interno, no con el externo. Si hacen falta más dolares en las reservas, hagamos políticas para conseguirlos con un mayor superavit de cuenta corriente, no con entradas de capital. Si se está en una situación de corto plazo totalmente desesperada la medida tiene algún sentido (a pesar de que sus efectos resultan bajos), pero no perdamos de vista los problemas que tiene financiar la acumulación de reservas con entrada de capitales. Aprendamos de errores del pasado.

En síntesis, creo que el gobierno está tomando ciertas medidas que van en contra de lo que estuvo haciendo hasta la intervención del INDEC. Las herramientas mediante las cuales sigue buscando los objetivos de crecimiento y empleo parecen débiles. El uso de incentivos impositivos no hace más que reafirmar los reclamos de "menos Estado". Es problemático en términos de cómo se estaba planteando la política económica hasta el momento*. Bajar las contribuciones patronales y cobrar menos impuestos para que los capitales externos fluyan hacia adentro en un contexto de apreciación del tipo de cambio suena a los noventa.

Esperemos que las próximas medidas vayan más en el horizonte de la política industrial y menos este tipo de artilugios. Los incentivos fiscales mostraron ser poco eficaces, sobre todo en empresas que tienen menos de diez empleados y suelen estar inmersas en cadenas de informalidad...


* Ciertas condicionalidades que complementan las medidas actuales permiten diferenciarlas con lo que era comun en los noventa. Sin embargo, en líneas generales, los instrumentos utilizados son similares.

24.11.08

Fiori

Reflexiones de octubre
José Luis Fiori · · · · ·

09/11/08


"Hemos resuelto tomar medidas decisivas y utilizar todos los instrumentos a nuestra disposición para sostener las instituciones financieras que tengan importancia sistémica e impedir su desplome". Plan de Acción del G7, Washington, 10 de Octubre de 2008.
El lunes 13 de octubre de 2008 el mundo amaneció en silencio y esperó en suspenso, durante casi todo el día, a la espera de lo que sería una especie de "duelo final" entre el poder político y los mercados que tendría lugar en los principales mercados del mundo. Al final del día, entretanto, las primeras señales ya indicaban que no hubo duelo y que el poder político había impuesto su autoridad sobre los "mercados financieros" . Después de una semana de pánico, entre los días 5 y 13 de octubre, en pocas horas, los gobiernos de las principales economías del mundo conseguirían formular un "plan común" de intervención masiva y estatización parcial de sus sistemas financieros que cumplió con su objetivo inmediato de estancamiento de la "sangría" y estabilizació n del tipo de cambio. Quien quiso, pudo ver y aprender en aquellos días que existe una relación esencial y expansiva entre el poder político y el capital financiero, y que, a pesar de todo lo dicho y repetido en estos últimos años, el poder político tiene una preeminencia jerárquica y dinámica en relación con los mercados y el capital financiero. O sea: el poder y la riqueza capitalista se expanden juntos, pero el poder político es una condición esencial, permanente y dinámica de los mercados y del capital financiero. En este sentido, es interesante observar que el plan de nacionalizació n de los principales sistemas financieros del mundo había sido formulado por Inglaterra, sobe la base de la experiencia de Holanda, antes de ser aceptado por Estados Unidos y la Unión Europea (UE). Precisamente Inglaterra y Holanda, las dos potencias marítimas y económicas que habían estado en el origen del "capitalismo liberal" y de la defensa permanente del laissez-faire.
En las semanas que siguieron al 13 de octubre, la propia evolución de la crisis fue dando mayor transparencia a otra relación que suele resultar confundente para los análisis de los economistas, a saber: la relación entre la moneda estatal y las infinitas monedas privadas y financieras que coexisten dentro de un mismo sistema económico nacional e internacional. Ver clara esa relación permite tratar por separado la crisis del "mercado financiero mundial", que se instaló en EE.UU. después de 1980, y una eventual crisis del dólar y de la hegemonía monetaria de los Estados Unidos, que todavía no se ha producido. Y fue esta la estrategia que el gobierno norteamericano adoptó en el campo internacional buscando sostener la confianza y la centralidad mundial del dólar.
Durante todo el mes de octubre, los Estados Unidos mantuvieron una comunicación y una coordinación con los gobiernos y los bancos centrales del Japón y de China, los mayores poseedores mundiales de las obligaciones del Estado norteamericano. En el caso de China, en particular, se estableció una verdadera asociación estratégica con el Tesoro norteamericano, en defensa del dólar y de los intereses financieros comunes a los dos países. En esta misma línea de actuación, a partir del 13 de octubre, el Banco Central norteamericano, la FED, tomó la iniciativa y realizó acuerdos para garantizar la liquidez en dólares de los Bancos Centrales de Australia, Canadá, Dinamarca, Inglaterra, Japón, Nueva Zelanda, Noruega, Suecia, Suiza y con el propio Banco Central Europeo. Y más tarde, el 29 de octubre, la FED ofreció las mismas facilidades y condiciones, además de una línea de 30 mil millones de dólares, a cada uno de los Bancos Centrales de Brasil, México, Corea del Sur y Singapur. El mismo día en que, de acuerdo con el gobierno norteamericano, el FMI anunció la creación de una nueva línea de crédito, sin condiciones, para los países en desarrollo que estuvieran sufriendo los efectos de la crisis y que mantuvieren políticas económicas "sanas". Y eso, en paralelo a los programas tradicionales de ayuda del FMI que están siendo negociados en estos momentos con los gobiernos de casi todos los países de Europa Central, además de Islandia, Turquía, Paquistán y otros probables candidatos del sudeste asiático.
O sea: en pocas semanas, a partir del 13 de octubre, el Tesoro norteamericano y la FED, junto con el FMI, tomaron la iniciativa dentro y fuera de los Estados Unidos y pasaron a actuar de forma agresiva, coordinada y global, para sostener la estabilidad y la centralidad del dólar, y no hay señales de que los EE.UU. estén perdiendo su poder y su capacidad de coordinación monetario-financier a dentro de la economía mundial.
Por eso se puede decir –con razonable grado de seguridad– que los problemas sistémicos provocados por la crisis financiera deberán venir de otro lado; se estaban anunciando ya en los últimos días de octubre. Hasta ese momento, la intervención de las grandes potencias mantuvo en funcionamiento las funciones básicas del sistema (como si de cerebro, corazón y pulmón se tratase), pero no logró impedir el efecto contagio de la crisis, que ya pasó de las finanzas al crédito, y está en vías alcanzar a la producción, al empleo y a las exportaciones de todo el mundo, de forma mucho más grave en el caso de los países menos desarrollados y menos autónomos en su capacidad para ayudar a sus propios bancos y productores.
Todos los organismos internacionales pronostican caídas acentuadas de la producción, de los precios y de las exportaciones. Y la Organización Internacional del Trabajo (OIT) prevé un aumento inmediato del 10 por ciento del desempleo mundial, aunque concentrado en las regiones más pobres del mundo. En esas regiones, lo previsible es un proceso complicado de desintegració n social y política, y es lo más probable que se pongan a la orden del día los estallidos y las revoluciones sociales. No serán socialistas ni proletarias, pero adquirirán mayor intensidad y violencia en los territorios situados en "zonas de fractura" o de disputas y conflictos geopolíticos crónicos. Son de esperar en varios puntos de Europa del Este, y en algunas partes de Asia Central, y podrían cobrar una forma dramática en el continente africano, sobre todo si la presente regresión económica y social coincide con una nueva incursión imperialista en África, lo que puede ser un desarrollo muy probable de la crisis actual.
José Luis Fiori, profesor de economía y ciencia política en la Universidad pública de Río de Janeiro, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Traducción para www.sinpermiso. info: Carlos Abel Suárez

21.11.08

Sistema Previsional I

Al fin. Se acabó el negocio de las AFJP. El sistema de jubilación privado sólo funcionó en terminos de bienestar de los bancos, pero de bienestar social ni hablemos.
La abrupta forma en que termino el sistema da para charlarla mucho. Refleja varios de los problemas de desarrollo que tenemos (en términos de discusión y armado institucional), la necesidad de cambios fuertes para no seguir convalidando estructuras que quedaron del neoliberalismo en argentina pero también la escasez de proyectos de largo plazo para los distintos temas.
En fin, quería compartir con Uds. algo que estuve escribiendo estos dias (tomando varias cosas escritas por otros) para entender y recordar el funcionamiento del sistema previsional y pensar posibles soluciones ...

Ahí va la entrega uno! Pensando el problema de cobertura del sistema...

Los problemas del sistema previsional pre-reforma del ´93, eran el elevado déficit, el alto nivel de incumplimiento entre los aportantes, la falta de transparencia en el monto de jubilaciones a recibir, el incumplimiento de pagos a los beneficiarios y una considerable inequidad entre ellos (Cetrángolo y Grushka, 2004). Algunos de estos problemas prometían ser resueltos mediante la introducción del régimen de capitalización individual.
El régimen de capitalización individual parte de un pilar completamente distinto. El haber jubilatorio se calcula en base a los aportes acumulados en una cuenta individual más la capitalización obtenida, descontando las comisiones que cobran las administradoras de los fondos[1]. En este sentido, se trasladan los riesgos económicos y financieros a los trabajadores individuales –en lugar de recaer en el Estado- y se eliminan los elementos solidarios del sistema de reparto[2]. Este nuevo régimen tendría la ventaja de reducir las presiones financieras en el largo plazo (puesto que el sistema no garantiza un beneficio definido), aumentaría los incentivos para aportar, puesto que los beneficios futuros están relacionados directamente con los aportes individuales realizados más la capitalización, se incrementaría la cobertura, y se eliminarían los incentivos a subcotizar en los primeros años de la edad laboral, propios de los sistemas de reparto.
Específicamente, la reforma de 1993, creó el Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones (SIJP) basado en dos pilares. El primero es el de “reparto” que otorga un ingreso muy similar para cada uno de los individuos, llamado Prestación Básica Universal (PBU). El segundo da la oportunidad a los beneficiarios de optar entre dos regímenes: el de reparto, que otorga una Prestación Adicional por Permanencia (PAP); o el de capitalización individual, sin beneficio definido, cuyos fondos son administrados por las Administradoras de Fondos de Jubilaciones y Pensiones (AFJP). Además el Estado garantiza el pago de la Prestación Compensatoria (PC), relacionado con los aportes al antiguo régimen. El financiamiento del SIJP sigue constituido por los aportes de los trabajadores, contribuciones de los empleadores y por asignaciones específicas de recursos tributarios. La recaudación de los aportes y contribuciones siguió perteneciendo al Estado.
Con el fin de mejorar la situación financiera del sector público, el cambio de sistema previsional fue acompañado por modificaciones paramétricas. Entre éstas encontramos el aumento en las edades de retiro, el cambio en el cálculo del haber y el incremento los años de aporte requeridos para poder acceder al beneficio jubilatorio. Respecto al primer punto, la edad de retiro pasó a ser 60 años en el caso de las mujeres y 65 en el de los hombres. Respecto al segundo punto, el haber jubilatorio antes de la reforma se determinaba en base a los tres mejores sueldos anuales de los últimos 10 años antes del retiro y se pasó a usar como base el promedio de los últimos diez años, lo cual desincentivaría la “subdeclaración” de ingresos para la realización de aportes en los últimos años de la edad activa. El tercer punto se refiere al incremento en los años requeridos de aportes para obtener una jubilación, que pasaron de 20 a 30 años. Se argumentaba que esto llevaría a una mayor participación.
Los resultados de las reformas encaradas en América Latina, donde varios países pasaron a regimenes mixtos o de capitalización, no fueron satisfactorios. Si bien estas reformas lograron reducir las presiones financieras sobre los sistemas de reparto en el largo plazo, dejaron de lado la solidaridad de los sistemas tradicionales, no lograron mejorar la cobertura y ejercieron una fuerte presión fiscal en el corto plazo (CEPAL, 2006). Específicamente, en el caso argentino, el déficit previsional durante la década pasada, luego de la reforma, ha tenido una importancia sobresaliente por su impacto macroeconómico. Sin embargo, como veremos más adelante, el incremento del déficit no es solamente responsabilidad de la reforma sino de otros cambios ocurridos en la década.
Más de diez años después de la reforma, y luego de los cambios paramétricos mencionados, no se ha encontrado solución a una serie de problemas. Entre ellos se destacan el crítico déficit resultante de la reforma que incrementó los problemas previos de financiamiento y la caída en la cobertura previsional[3]. En relación al primer punto, si bien el problema de la transición del régimen de reparto al mixto implicó una transferencia de recursos tanto en el stock como en el flujo que impactó fuertemente en las cuentas públicas, el déficit observado en la década también respondió a ciertas políticas pro-competitividad instrumentadas, que bajaron el monto de aportes patronales a fin de incentivar el empleo y la formalización y, en menor medida, al traslado de las cajas provinciales a la Nación (Cetrángolo y Grushka, 2004)[4]. El impacto del déficit previsional, tuvo un efecto macroeconómico en el régimen de Convertibilidad. Damill, Frenkel y Juvenal (2003) ponen énfasis en este punto al discutir la idea de que el origen de la crisis de 2001 fuera fiscal y específicamente a causa de un exceso de gasto público.
Si duda, uno de los rasgos más preocupantes del desempeño del sistema previsional durante la década de los noventa fue la caída en la cobertura. Los cambios paramétricos que acompañaron a las modificaciones en el sistema estuvieron destinados a aumentar la sustentabilidad financiera del sistema pero descuidaron el impacto sobre la cobertura. El aumento en la edad jubilatoria y en los años requeridos para acceder al beneficio llevaron a que la proporción de población en edad pasiva que recibía beneficios caiga fuertemente debido al incumplimiento de los requisitos. Esto incrementaba la tasa de sostenibilidad pero a costa de una caída en la cobertura. En este contexto, el aumento en la precariedad de los puestos de trabajo y el incremento del desempleo intensificó el efecto negativo sobre la cobertura.

La cobertura del sistema previsional ha sufrido a lo largo de los noventa y hasta 2003 un considerable deterioro. Los elementos combinados de la reforma de 1994 (que buscaba mejorar la situación fiscal mediante un cambio de sistema y modificaciones paramétricas) combinados con el envejecimiento de la población y el deterioro de los indicadores del mercado de trabajo resultaron en un empeoramiento de la proporción de adultos cubiertos por el sistema.
La moratoria previsional encarada en el año 2005 mediante el decreto PEN Nº1454/05 atacó directamente el problema de la cobertura, encontrando una solución en el corto plazo. Mediante el decreto se otorga la posibilidad de acceder a un haber jubilatorio a todas las personas que estén en edad de jubilarse pero que no cumplan con la exigencia de 30 años de aporte. Por otro lado, la moratoria se complementó con una serie de modificaciones a las normativas vigentes. Entre ellas encontramos:
- Jubilación Anticipada: se permite comenzar a adquirir el haber jubilatorio a las personas que le faltasen 5 años o menos para los 60/65 años de edad y que cumplan con los requisitos de 30 años o más de aportes acumulados.
- Traspasos automáticos: las mujeres de más de 55 años y los hombres de más de 65 pasan al régimen de reparto en caso de tener menos de $20.000 en sus cuentas de capitalización
- Traspasos optativos por tiempo determinado: por un lapso de tiempo determinado los beneficiarios que estaban en el régimen de capitalización pudieron optar por pasar a reparto.
- Nuevos trabajadores: Los trabajadores que no opten explícitamente por ningún régimen pasan automáticamente a reparto.
- Aportes personales. A partir de enero de 2008 se incrementan los aportes personales al SIJP del 7% al 11%.
- Regimenes Especiales: Los fondos acumulados por parte de afiliados que aportaban al sistema de capitalización correspondientes a Regimenes Especiales (Servicio Exterior de la Nación, Poder Judicial de la Nación, Docentes, Investigadores Científicos y Tecnológicos) se transfieren a la ANSES.
- Garantías al Régimen de Reparto: Se crea un fondo (Fondo de Garantía de Sustentabilidad del Régimen de Reparto) con recursos de la ANSES más los ingresos por los traspasos automáticos y los de Regímenes Especiales.
En síntesis, la moratoria previsional significó aumentar la cobertura rápidamente utilizando como base el sistema de reparto. Un millón y medio de personas accedieron al beneficio, lo cual elevó la cobertura al 80% de la población, superando los niveles históricos. Las medidas complementarias mencionadas permitieron al sector público también reforzar el régimen de reparto con los traspasos optativos y automáticos[5] y hacerse de recursos en el corto plazo[6] con mayores compromisos en el largo.
Sin embargo, el hecho de no modificar ciertos parámetros establecidos en la reforma de 1993 introduce cierta incertidumbre sobre el impacto de la política oficial respecto a la cobertura del sistema y al financiamiento en el largo plazo. En el corto plazo se observa un salto en la cobertura. En el primer trimestre de 2007 la cobertura alcanzó al 76,7% de las personas mayores a 65 años. Tomando los indicadores más amplios, incluyendo los aportes del cónyuge la cobertura llega al 83,9% mientras que si se toman también a las personas que trabajan sin recibir beneficios alcanza al 89,7%.
Dentro de los nuevos beneficiarios el 87% son mujeres y con una edad promedio de 72 años. Asimismo, dentro de éstas el 74% no percibía ningún tipo de pensión y la casi totalidad de los hombres no recibía ningún tipo de cobertura (Boudou y otros, 2007). El promedio de años de aporte de los beneficiarios era de 14 años y el haber medio que comenzaron a cobrar ascendía a $535, muy cercano al mínimo ($530). El costo fiscal de incluir a 1,5 millones de jubilados con pocos o ningún aporte implicó un costo fiscal de alrededor de 1% del PIB. En paralelo, el Estado, mediante la captura de los indecisos, se hace de una cantidad importante de activos, lo que implica un flujo continuo de aportes en el futuro y un costo fiscal en el largo plazo[7].

En resumen, la moratoria previsional posibilitó resolver problemas urgentes en relación al bienestar de la población en edad pasiva. La extensión de la cobertura mejoró los ingresos de este sector de la población a la vez que permitió, junto a las normativas complementarias, mejorar la situación fiscal en el corto y mediano plazo. Dado que los problemas en el mercado laboral continúan estando presentes y que no hay a la vista cambios paramétricos en el sistema, es esperable que haya un nuevo problema de cobertura en las próximas generaciones. Hay que trabajar en mejorar la situación del mercado de trabajo pero también pensar soluciones al interior del sistema previsional que sean compatibles con la evolución que éste presente.


[1] En el caso argentino, las comisiones incluyen el costo de la prima de seguro colectivo de invalidez y fallecimiento y los gastos administrativos de las AFJP.
[2] En América Latina, a raíz de la volatilidad de los mercados financieros y de los elevados riesgos de las inversiones de los aportantes, las reformas fueron frecuentemente complementadas con esquemas de pensiones mínimas solventadas por el Estado (como en el caso de Argentina) o por los propios cotizantes.
[3] Otros problemas resultantes de las reformas son las altas comisiones cobradas por las AFJP, la baja cantidad de traspasos de los afiliados entre las AFJP, la alta concentración en el mercado de éstas y el fomento nulo al mercado de capitales (CENDA, 2008).
[4] Para el año 2000, siete años después de la reforma, el déficit podía desagregarse en un 46% vinculado a los aportes al sistema de capitalización, 42% vinculado a la reducción de aportes patronales y un 13% a otras causas, donde se encuentran las transferencias de las cajas provinciales.
[5] Los traspasos automáticos abarcaron a más de un millón de afiliados con edades próximas a jubilarse con montos bajos en sus cuentas de capitalización y mantuvo igual la cantidad mínima de años de aportes necesarios para acceder al beneficio previsional.
[6] El total de recursos transferidos alcanza a 9 millones de pesos, aproximadamente 1,2% del PIB.
[7] La nueva reforma que se está tratando en el Congreso al momento de escribir este trabajo tiene similares efectos, a los que hay que sumar el importante stock de dinero acumulado en las cuentas de capitalización por parte de los “hasta ahora” afiliados a las AFJP. Los efectos fiscales pueden ser vistos como la contracara de la reforma de 1993: voluminosos ingresos en el corto plazo y mayores compromisos en el largo (de no mediar importantes cambios paramétricos y del financiamiento del sistema).

13.11.08

Neoclásico

Imperdible la breve clase de historia del pensamiento económico de Elemaco: un tiempo atrás había neoclásicos, después vinieron más neoclásicos y mejoraron mucho los modelos (muy neoclásicos ellos), somos todos neoclásicos. Ahh si, y estaba Keynes. Él hizo la macro, eso es verdad. Era un buen tipo.
Pero la micro... neoclásica. "La crítica “microeconómica” a los mercados llegó desde el mismo Mainstream". Está bien igual, esa maestría es para macroeconomistas.

Ahora parece que las economías de escala y la diferenciación de producto las inventó Krugman, el rol de la innovación en el crecimiento fue una idea de Romer, las fallas de coordinación se le ocurrieron a Rodrik y los precios inflexibles a la baja aparecieron con los neokeynesianos.

De un plumazo desaparecieron los evolucionistas, los marxistas, los estructuralistas, los postkeynesianos y unos cuantos más. O quizás nunca existieron.

11.11.08

Fuzhou

Enviado especial desde China.

10.11.08

¿Pagar o no pagar? Esa es la cuestión

Groso Teubal que se anima a decirlo...

Es un momento en que todo cambia, que los preceptos considerados inamovibles tienden a ser dejados de lado. Se necesita hacer lo mismo: la deuda externa no tiene por qué pagarse en los términos en que fuera contraída o incluso negociada. Además, porque, como todos sabemos, es odiosa e ilegal. Existen otras necesidades mucho más importantes para los pueblos de América latina: salud, educación, vivienda popular, alimentación accesible a todo el mundo.

Si el primer mundo arma una crisis financiera que reduce tus exportaciones, impacta fuerte sobre tu industria y evita que puedas refinanciar los vencimientos... ¿hay que seguir pagando sabiendo que el costo puede ser impedir un programa anticíclico que evite una recesión?
Me acuerdo de las clases de historia, donde siempre te contaban que Argentina fue uno de los pocos que durante la crisis del treinta no dejó de pagar. ¿Y si la crisis se complica más aún?

8.11.08

Hegemonía

No entiendo del desarrollo de quien habla esta nota.

El camino al desarrollo ha sido casi universalmente un escenario conflictivo, y quizás una condición ineludible de su éxito es disponer de un aparato institucional que sostenga, refleje y facilite los acuerdos complejos que una construcción social sofisticada merece. Es difícil pensar que el desarrollo pueda ser construido por una voluntad política ajena a un consenso. Sin embargo, es bueno señalar que la ausencia de consensos que estabilicen el proceso político y brinden un horizonte que trascienda una gestión de gobierno coyuntural ha sido la constante política de América latina en el siglo XX. Por alguna razón, el acuerdo político no goza de prestigio en está zona del mundo y es leído siempre en clave desvalorizada. La sociedad ha tendido más a valorar a los líderes de palabra impostada y de posiciones irreductibles. Pero la paradoja es que el desarrollo como construcción requiere de tiempos y aprendizajes, para los cuales dichos liderazgos son negativos.

Recuerdo a un chileno diciendo lo mismo en un seminario organizado por Techint. Decía que los chilenos tienen un consenso sobre hacia adonde avanzar. Yo pensaba mientras que lograron alcanzar ese consenso, pinochetista claro, después de liquidar a todos los que pensaban distinto. Leyendo esta nota pensaba en algunas otras experiencias de desarrollo. Corea era una dictadura, por lo que el General Park consensuaba consigo mismo todas las noches. Cada tanto metía preso algunos empresarios o hacía una reforma agraria para sacarle el poder a la clase terrateniente, por si su consenso flaqueaba. Japón otro gran consenso democrático. Gobernó la misma burocracia durante gran parte de su período de desarrollo. También tuvieron que hacer desaparecer a la clase dominante anterior con una reforma agraria. Hasta Estados Unidos logró su consenso luego de una guerra civil.
Queda muy lindo pensar que para el desarrollo se necesita más democracia y consenso y eso está probado por la historia. Pero lamentablemente yo no lo encuentro. Si alguien lo ve, que me ayude, siempre es lindo creer en estas cosas maravillosas.
Mientras tanto, no dejo de pensar que mientras hablan de consenso, deberían estar pensando en la palabra hegemonía. Sí, hegemonía. Eso se necesita, hegemonía para imponer un proyecto de país. Y en la historia se logró la mayor parte de las veces con sangre derramada.
Nuestro desafío, en todo caso, es comprender cómo se hizo, para pensar otra manera, democrática, de hacerlo. Pero dejémonos de mentirnos. Es un buen primer paso.