Contra todos los pronósticos [y deseos de alguno que otro], este blog sigue vivo. No porque los vejestorios que hicimos este blog este tiempo hayamos logrado retomar la iniciativa [por el momento] y convertir tantas ideas y debates otra vez en posts, sino porque mientras nosotros dormitábamos una nueva generación avanzaba sin pedir permiso. Acá su primer post. Espero sea el primero de muchos.
Por Martín y Pablo
¿Progresismo o Pragmatismo?
Frente a la actual situación de la política argentina, donde observamos secesiones, alianzas, desmembramientos, divergencias, idas y vueltas en un desfile sinfín de actores políticos, es que nos quisimos meter en un tema bastante barroso y ponernos a pensar acerca de qué pasa con el gobierno actual. Posiblemente caigamos en el divague, pero simplemente esto es una exposición en un intento de reacomodar varios pensamientos que nos vienen dando vuelta por la cabeza.
El porque de este post viene de una pregunta disparadora realizada en una vieja entrevista a Sergio Massa hecha por La Nación allá por enero: ¿Es el Gobierno Kirchnerista Progresista?. Recordemos que su respuesta fue: “Me parece que este Gobierno es práctico y resuelve las circunstancias que va afrontando de la mejor manera posible para incluir a todos los argentinos”.
Las criticas, obviamente, no se hicieron esperar. La más importante que tomamos nosotros es la que hizo el ex kirchnerista Miguel Bonasso, al parecer más preocupado por querer correr por correr al gobierno por izquierda que por querer pensar el significado de las declaraciones de Massa en el contexto nacional en el que vivimos.
Pero nosotros nos disponemos a transitar un camino espinoso. ¿Qué es ser progresista? ¿Qué es ser práctico? ¿Se puede ser práctico y a la vez mantener una ideología de “centroizquierda” (por catalogarlo de alguna manera en nuestra división política más tradicional)? No es de nuestra intención dar respuestas cerradas a esto. Primero porque no nos creemos capaces, segundo, porque tampoco creemos la existencia de las mismas.
Para contestar la pregunta sobre que es ser progresista nos basamos en este post de María Esperanza en Artepolítica. Allí, progresista es quién coincide con ciertos objetivos. Solo vamos a señalar aquí el que más nos interesa: Apoyo de la intervención del estado en la economía no solo como un regulador “de base” sino como actor central en la distribución de recursos e ingresos. El objetivo es cuestionable, tal vez lo más controvertido es determinar cual es la línea divisoria entre regulador “de base” y actor central. Pero bueno, eso lo dejamos para otro post.
Otra cosa. Lo ideal, para nosotros, es que todos los objetivos del progresismo que enuncia María Esperanza, a los cuales estamos de acuerdo, se vayan cumpliendo al unísono, pero entendemos que dados los contextos en los que los gobiernos se mueven y la interacción con los distintos actores de la sociedad hacen que se vayan cumpliendo estas metas tal vez no todas juntas porque no puedan atenderse todas a la vez.
Nosotros creemos que el Kirchnerismo levantó (y algunas las sigue haciendo) banderas progresistas durante sus primeros años de gestión (2003-2007), se planteó como un actor transformador, y despertó el interés y la esperanza en vastos sectores de la sociedad. Particularmente, en cuanto al objetivo progresista de la intervención del Estado en la economía, el kirchnerismo supo colocar al Estado de vuelta en la pelea por la redistribución de la riqueza y el ingreso. Sí ya sabemos, lo hizo (y lo hace en cierta medida) con algunos tropiezos y errores. Pero seamos un poco objetivos, el Estado argentino arrastra desde mediados de los 70 un desmembramiento por el cual fue perdiendo sus herramientas de intervención en la economía. No sólo eso, sino que perdió total credibilidad en cuanto al manejo de recursos. Por lo cual es casi de esperarse que los primeros pasos que de el Estado en volver a ser un actor de peso en la política económica resulten vagos e insuficientes y que con el tiempo vaya mejorando su intervención. Lo cierto es que a partir del 2002/2003 el Estado volvió al ruedo principalmente de la mano del kirchnerismo. Ya partir de ahí hay datos que son elocuentes: caída de la pobreza, suba del salario real (principalmente sector privado en blanco), un sistema tributario un poco más progresivo (con el mantenimiento de las retenciones), el sostenimiento de un tipo de cambio real competitivo y estable gracias a la política de esterilización llevada a cabo por el Banco Central que genera superávits gemelos (algo poco frecuente en la historia económica argentina), acuerdos de precios, renegociación de la deuda, estatización de Aerolíneas y, la más reciente, estatización del sistema provisional. Pero el kirchnerismo con el paso del tiempo fue perdiendo poco a poco su capacidad transformadora (continua la falta de un plan antinflacionario – no necesariamente a la ortodoxa -, el débil fomento al sector industrial más allá del tipo de cambio, la falta de un plan educativo. La maduración de la intervención estatal en la economía debería quedar demostrada no solamente en atender lo macro) y comenzó a resquebrajarse. Aquí no estamos diciendo nada novedoso.
Ahora pasamos a contestar que es ser práctico, pero primero algunas digresiones. Creemos que la definición de un Estado Práctico o Eficiente en la literatura económica está ligado a la corriente ortodoxa: la necesidad de un Estado “mínimo”. Obviamente este concepto está sujeto a discusiones, ya que ese Estado mínimo tiene funciones como mantener el valor de la moneda, la regulación comercial, la represión, garantizar la propiedad privada y pagar la deuda externa (aunque este es otro tema).
Pero práctico, o más bien eficiente “a secas”, o sea de una forma un poco más libre de sesgos ideológicos, está asociado a una relación insumo/producto. Es la relación que hubo entre lo que se utilizó para llegar al producto obtenido.
Un punto a resaltar en torno a que es ser práctico o eficiente en la economía es que nosotros, como sociedad argentina, nos hemos acostumbrado a asociar al sector público como ineficiente y al sector privado como el único capaz de asignar “eficientemente” los recursos para el desarrollo del país. Esto es así gracias a una década de propaganda menemista, a las dictaduras militares, pero también es gracias a que en el pasado (durante la ISI) muchas veces la asignación del gasto público no se hacía teniendo en cuenta los desequilibrios que podían provocar los déficit fiscales. A su vez, la estructuración de los ingresos fiscales podría haber sido un poco más progresiva de lo que fue. Pero volviendo al tema, la ineficiencia total del Estado como actor dinámico para el desarrollo nacional, es objeto de discusión. Las experiencias, tanto en Occidente (en EEUU como Europa) como en Oriente (China, India, Japón, los tigres asiáticos), han demostrado que se puede tener un sector público eficiente capaz de direccionar o utilizar los recursos de un país, fomentando ciertas actividades, para el crecimiento de este. Es más, ni siquiera hay que irnos tan lejos. El caso de Petrobras en Brasil es elocuente. Y si miramos la historia Argentina encontramos a la vieja YPF como empresa líder en su momento.
Entonces, ¿Se puede ser Progresista y Eficiente o Pragmático a la vez? Obvio que sí. Ser eficiente es lograr buenos resultados; y creemos que se pueden lograr mejores resultados con políticas desarrollistas y heterodoxas que con políticas ortodoxas. Entonces, esto no plantea ninguna contradicción. En otras palabras, si creemos que la mejor forma de lograr buenos resultados (distribución de la riqueza, bienestar general, pleno empleo) es mediante el progresismo o las políticas heterodoxas, ¿no implica esto que ser progresista debe ser a su vez ser eficiente?
En este sentido va la ministra Ocaña en un reportaje dado a Crítica: “Ser progresista no implica no ser pragmático. Somos las dos cosas, progresistas y prácticos”.
Como dijimos anteriormente, que el gobierno decida ser práctico y progresista en sí no es un problema. Lo que lo convierte en uno, y pone en duda el progresismo del kirchnerismo aunque no su pragmatismo político, son las medidas pragmáticas que se toman para superar el contexto de crisis mundial. Medidas que, en teoría, no deberían apartarse (en el sentido que van en contra) de las banderas redistributivas del progresismo. Y por eso nos llama la atención que el gobierno adopte ciertos medios para sus fines “progresistas” como: incentivos fiscales hacia los empresarios (algo que se intentó en el 2001 y falló y que encima reduce el financiamiento del sistema de jubilación estatal), un blanqueo de capitales (que molesta a quienes sí cumplieron y cuyas metas son mínimamente discutibles), un plan de compra de automotores en donde la mayoría de los autos son importados y la eliminación de la tablita de Machinea (que tenía desajustes que debían ajustarse).
17.3.09
¿Progresismo o Pragmatismo?
1.3.09
Xenofobia
Nuestro post xenófobo tuvo una divertida respuesta del Abuelo, para quien parecería ser el mundo es uno solo y todos vivimos muy felices en él.
Van al respecto dos comentarios que nada que ver tienen uno con el otro.
1. Estuve leyendo bastante sobre la historia de la industria en los últimos meses. Pasando por los Dorfman, Schvarzer, Kosacoff, Katz, Villanueva, etc. Es interesante como evolucionó durante la ISI las posiciones sobre lo que había que hacer para desarrollarse. Tirando una versión para discutir, la impresión que me queda es algo así como tres grandes modelos. El primero conservador à la Pinedo, de desarrollo de industrias "naturales", teniendo especial cuidado de que no surja ninguna que compita con las importaciones británicas [el símbolo es la agroindustria]. Agotada esa y con una breve transición, desde mediados del peronismo, ya sin reservas, estamos con la idea de atraer inversiones, traer a las industrias desde afuera y así industrializarnos [acá el sector automotriz]. Y el estadío final de la ISI, crítico de la experiencia del desarrollo asociado de 50s y 60s, ligado a la idea de crear una burguesía nacional mediante una fuerte asistencia del Estado [y acá los insumos básicos].
Y después involucionamos. Hace décadas ya que de nuevo el mundo es uno solo y no importa la bandera de la empresa. Y todavía no logramos romper con esta zoncera liberal.
2. Muy bueno lo de la Wiki. En el texto sobre nacionalismo económico, pone algunos ejemplos recientes...
"Ejempos de nacionalismo o patriotismo económico pueden ser el American System (economic system) de Henry Clay, el uso del MITI por Japón para "pick winners and losers", la imposición de Malasia de control de disposición de capitales durante la crisis asiática de 1997, el cambio controlado del yuan en China, la política de Argentina sobre aranceles y devaluación de la moneda en la crisis económica argentina de 2001, y el uso de aranceles por los Estados Unidos para proteger la producción interior de acero".
Buenísimo. Ahora tener una crisis cambiaria es nacionalista.