31.12.09

El próximo gobierno enfrentará el costo político del ajuste fiscal

Ese es el título del Informe Especial N° 406 de Econométrica, realizado por Mario Brodersohn.

La intención del post no es hacer un análisis pormenorizado de las finanzas del Estado nacional en la actualidad, sino más bien quería hacer breves comentarios acerca del informe.

Lo que más me llama la atención de dicho informe es que inevitablemente el gobierno del 2011 deberá realizar un ajuste fiscal. Las condiciones actuales, gasto público / PBI record y una “alta” presión tributaria conducirán al nuevo gobierno a la necesidad de: a) un “shock inflacionario” que licue el gasto público o b) una reducción nominal. El costo político será alto revela el informe.

Mi pregunta es (ya se lo preguntaba Martín acá y acá), necesariamente debemos hacer el ajuste?El informe indica que los mayores aumentos en el gasto público en los últimos tiempos fueron en áreas delicadas para la sociedad: jubilaciones, subsidios y transferencias a las provincias. Por el lado de los ingresos tenemos que el aumento se dieron en impuestos ligados al ciclo económico y, en parte, a factores exógenos: impuesto al cheque, derechos de exportación e ingresos por contribuciones salariales. Podríamos aportar también diciendo que en estos últimos tiempos creció bastante la recaudación del IVA y de Ganancias.

Entonces, tenemos por un lado un gasto impulsando la demanda, y por el otro ingresos vinculados al ciclo económico y a cuestiones exógenas. Debemos hacer el ajuste sobre el gasto? No sería mejor pensar en una reforma impositiva? Una que no dependa tanto de impuestos sobre el consumo (sobre todo teniendo en cuenta los tiempos de vacas flacas) y que promueva la equidad. Junto con esto habría que pensar una política que ataque (entendiendo bien sus características en la Argentina) a la economía informal, como así también que pueda evitar la evasión y elusión impositiva.

Qué estamos creciendo por sobre el producto potencial y que cebar la demanda termina en un desborde inflacionario? Una respuesta concreta frente a esto no tengo, pero habría que ver en qué medida se puede influir con estímulos a la demanda (o sea a la inversión) en el corto plazo para aumentar la capacidad instalada y evitar cuellos de botella en el largo. Además no creo que, en un contexto de leve recuperación, un déficit fiscal prudente (no más del 3% del PBI) genere inflación, pero para eso hay que estar atentos.

Para finalizar quiero traer algunas preguntas de finanzas que se me venían a la cabeza mientras pensaba este post. Las finanzas deben ser “sanas” o “funcionales” en contextos de recesión? El gasto implica recaudación o es al revés? Un déficit fiscal del 1 / 2% del PBI para un año en recesión es grave o deseable? Que podemos decir entonces de la situación de Europa? Si queremos ser un país desarrollado, no será hora que aceptemos vivir con una presión tributaria del orden del 30%?

Saludos y feliz año nuevo.

28.12.09

Hay que pedirle más a la macroeconomía

Hace poco tuve la oportunidad de escuchar, en un seminario organizado por AEDA, a Martín Abeles decir “hay que pedirle más a la macroeconomía”, haciendo referencia a que una macroeconomía para el desarrollo no es solamente aquella que no muestra signos de volatilidad, sino que es necesario pensar a la macroeconomía, a la política macroeconómica, como un instrumento más para la realización de políticas sociales y focalizadas (como podría ser la política industrial).

Siguiendo con la idea de la macroeconomía del desarrollo, pareciera ser que en estos últimos tiempos lo más interesante hecho en materia de política económica tiene que ver con esto. Veamos: tasas de interés negativas (no por su efecto directo sobre la inversión sino por lograr hacer menos rentables actividades especulativas), una política monetaria consistente con la manutención de un tipo de cambio real alto (alejado de las visiones más ortodoxas que promueven únicamente el inflation targeting), un régimen tributario (un poco) más progresivo gracias a la aparición de las retenciones (y el sostenimiento de impuestos de menor recaudación como el impuesto al cheque y a los débitos y créditos), una ampliación del gasto público, un aumento del consumo, un despegue, en parte promocionado, de las exportaciones de manufacturas industriales, un control de la inflación por medios no monetarios.

Pero no todo es color de rosa. Aunque la Argentina estuvo signada por mucho tiempo por el problema de la brecha externa, lo que nos obliga a ser precavidos en la asignación de los gastos del Estado, la manutención de un (extinto hace poco) superávit fiscal robusto en tiempos de niveles de pobreza cercanos al 20 / 30% parece más bien ser parte de una receta de política económica ortodoxa; La generación de empleo se estancó este año; En cuanto al control de la inflación, últimamente, se pasó de intentar solucionar los problemas que la generan (rigideces en la oferta + precios internacionales) a contener sus mecanismos de propagación (puja salarial). Al margen de esto creo que también hay un componente inercial en la inflación bastante difícil de solucionar en el corto plazo.

En definitiva, la política macroeconómica actual no escapa a ciertas contradicciones. Lo importante es que la macro actual no es solamente una macro que mantenga el equilibrio. Sin embargo, aunque crea que la macro actual promueve el desarrollo, bajo las condiciones en las que se encuentra una amplia porción de nuestra población, es necesario pedirle todavía más a la macro. Y ahí entra de lleno los estímulos que se le puedan dar a la demanda agregada. Es en este sentido, y para terminar con aires de esperanza, es que creo que la asignación universal por hijo es una gran medida, sino las más importante realizada en los últimos años.