El gráfico impresiona, no importa cuántas veces se lo vea. Son los flujos a nivel mundial de la Inversión Extranjera Directa expresados en millones de dólares (los datos se consiguen de UNCTAD). Obviamente, no se pueden sacar numerosas conclusiones a un nivel de desagregación tan grande (quedará para otro post desagregar los flujos por regiones), sin embargo surgen dos (rápidas) consideraciones. La primera, es la “prociclicidad” de los flujos de IED en las economías avanzadas. En segundo lugar, asombra el salto en cuanto a la cantidad de flujos de IED a partir de la mitad de la década de 1990. Entre 1997 y 2009 (tomando en cuenta la recesión a nivel mundial) estos flujos a nivel mundial habían aumentado un 129%. En las economías en desarrollo el crecimiento, entre esos años, fue de 150% mientras que en los países desarrollados fue de 90% (para el caso de las economías más pobres el porcentaje es engañoso – 575% - dado que se parte de un número muy bajo). Como mencioné anteriormente, el nivel de desagregación no es el suficiente para hacer grandes comentarios, así que profunicemos un poco y tomemos solamente la IED que se dirigió al MERCOSUR. En el gráfico siguiente tenemos el flujo de IED hacia el MERCOSUR como porcentaje de los flujos de IED mundial.
Como se observa, hay un estancamiento de los flujos de IED dirigidos al MERCOSUR. Estos porcentajes no difieren de los alcanzados durante los noventa. Hasta acá tenemos la película a nivel global, ¿Qué pasa en nuestro país? Bueno, es harto sabido que existen nichos, sectores de nuestra economía, que están dominados por empresas trasnacionales (ETs). Los sectores que más flujos de IED recibieron (según datos del BCRA) en estos últimos años fueron: Industria Automotriz, Petróleo, Minería, Metales comunes e Industria Química. Es cierto que estos sectores, sobre todo la industria automotriz, metales y químicos, han sido de los más dinámicos en los últimos años, y han llegado a explicar buena parte de la recuperación y el crecimiento del período 2002-2010. No obstante es errado atribuirle todo el buen desempeño a las ETs (salvo el caso de la industria automotriz, un mercado altamente regulado y que obedece a una estrategia regional de las firmas internacionales). Trabajos (por ejemplo el que López A. y Orlicki, E. escribieron para el boletín Techint en 2007) sobre el desempeño de las ETs en Argentina concluyen que los resultados en materia de promoción de exportaciones, mejora en la distribución del ingreso sectorial, generación de nuevas formas de producción y organización, desarrollo de proveedores y de empleo neto no son ni positivos ni negativos, es decir depende de forma muy particular del tipo de sector y de la firma en cuestión. Este resultado pobre (ya que uno tendería a pensar que el desempeño debería haber sido mejor) abre la posibilidad de una articulación de políticas after care (que lindo que suena) que le permita al país explotar mejor las ETs que ya se residen en él. Mi impresión es que, dado el superávit en la balanza comercial, las políticas focalizadas hacia las ETs deberían tener menos en cuenta el aspecto macro (la remisión de utilidades) que los aspectos micro (desarrollo de proveedores, asimilación de tecnologías). Obviamente lo deseable sería una combinación de ambas. Por último, como señala Chang, las ETs se preocupan más por las condiciones que brinda un país (infraestructura, calidad de la fuerza de trabajo, tamaño y dinamismo del mercado interno) que por las políticas de control que se le puedan aplicar a estas. Y si quedan dudas de esto último tal vez esta y esta nota ayuden.


1 comentario:
che, y desagregado por país, qué onda? cómo venimos en relación a los otros de Latam?
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